[Opinión] Cuando la patrimonialización es forzosa, falla. Por Francisca Ortiz Sepúlveda

APROPOSITO DE LA POLÉMICA EN MUSEO DE VILLA ALEGRE:

No se puede desconocer la popularidad cariño y cercanía que las personas puedan sentir por un personaje público como Felipe Camiroaga. Tanto así que sin consulta previa se destinó una sala del Museo Histórico Municipal de Villa Alegre a una apología de la imagen de él, a pesar de que pocas veces visitó la comuna.

Tras la llegada de la colección de Felipe, la contribución de Villa Alegre, su aporte agrario al desarrollo de la región, sus oficios, historias campesinas, la literatura de la zona e importantes figuras como el Abate Molina quedaron rezagados del museo a salas pequeñas, sin guion curatorial y sin conservación. Inexplicablemente, la historia local fue desplazada por una necesidad mediática de la administración municipal anterior al querer implantar un imaginario de una persona pública aunque ésta no tuviese mayor arraigo al territorio. Si bien es cierto -al igual que otros famosos- tiene raíces familiares en la zona (como Héctor Noguera), esto no parece ser suficiente razón para reemplazar la identidad de todo un pueblo en los espacios del museo.
Las salas del museo destinadas a la figura de Felipe Camiroaga son 2; la primera tiene objetos relevantes de su vida, como premios, reconocimientos y vestuarios usados por el ex-animador, pero también hay recortes e impresiones en dudoso estado y en muy malas condiciones de conservación, situación grave si la colección tenía “su propio curador” (externo a los funcionarios del museo). La segunda sala carecía de un guion curatorial, era más bien un espacio de beatificación con placas que indicaban «gracias por el favor concedido» y prendas de ropa interior a modo de ofrenda.
Lo ocurrido en el museo abre la reflexión en torno a la “patrimonialización”, que, en palabras simples, significa incorporar o hacer que “algo” tenga un valor para la comunidad a la que está dirigida y a su vez, ese “algo”, pueda aportar en la definición de una identidad local. Un ejemplo de esto ocurre en los museos porque funcionan como un medio de patrimonialización donde se resguarda aquello que es “necesario” preservar, pero que hoy conlleva nuevas responsabilidades porque la museología (disciplina que estudia a los museos y sus colecciones) -a diferencia de años atrás- avanzó hacia la participación e implicancia de las comunidades como forma de hacerlos partícipe de un relato común. Y, en esa línea, quienes trabajamos en museos estamos mandatados a crear espacios conciliadores, representativos y consensuados, atenuando el pasado colonialista y elitista de su origen.
Hoy algunos museos buscan transformarse como un espacio democrático, constituido por su comunidad, una administración y también por colecciones, las que a partir del valor afectivo pasan de ser objetos a formar parte de un patrimonio común que requiere cuidados y compromiso de trabajo responsable para su conservación.
La situación de los objetos removidos no es desestimar la admiración y cercanía por la imagen de Felipe. No parece ser que el camino sea arrebatar los objetos que la familia donó
o que los/as visitantes obsequiaron. Tampoco censurar la creencia popular. Lo que encadena este hecho es una situación que muchos/as esperamos: que la identidad local no quede reducida a una expresión de fanatismo ilustrado de quienes desde un aura de intelectualidad perpetúan prácticas que generan distancia y desprendimiento con su entorno.
Porque ¿Se les ha preguntado a los habitantes de Villa Alegre respecto al destino de las salas del museo? ¿Se ha hecho parte a la comunidad de las decisiones curatoriales? ¿Es tan relevante la imagen de Felipe en la historia de la comuna?
En el ámbito de la educación patrimonial, suele hablarse de una ecuación: conocer para comprender, comprender para respetar y respetar para valorar (Fontal, 2023). Pues, no se cuida lo que no se conoce y, lamentablemente, indagar en las tramas que tejen las identidades locales es cada vez más complejo en una sociedad que avanza hacia la inmediatez, la desmemoria y lo desechable como recurso.

Francisca Ortiz Sepúlveda Antropóloga Sociocultural Conservadora de museo. #villalegregrafico17años

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